


La humorada y la chacota no dejarán nunca de ocupar su espacio en el espectro social peruano. A pesar de que en muchos casos este aspecto es lamentable, acá el ritmo llevadero las inserta con espontaneidad. Se deja notar la preocupación por dejar un trabajo solvente a ojos del público, tal vez retraído ante el cine nacional por la displicencia y la falsedad de filmes similares. Esta es la mayor virtud de la película. Aunque nunca levanta mayor vuelo, marca ya un rumbo a seguir para el reencuentro del público peruano (limeño mejor dicho) con su cine. Así la historia de los amigos va de los inicios sexuales a los problemas caseros y de ahí a los “recurseos” delictivos (asunto tratado sin complacencias afortunadamente). Todo ello claro teniendo como móvil los partidos de fulbito alrededor de los cuales se proyectan todas sus ilusiones como en la mejor tradición (no escrita) de este país.
Estos instantes de conversa ante la infaltable caja de chelas serán los más convincentes. Intentos de proyectar más allá, que expandirán la historia sorpresivamente por el transcurrir de los años y los distintos rumbos que toman los protagonistas como queriendo proyectar las distintas caras de la maltratada sociedad peruana. Pretensiones que aunque no funcionan en la medida de lo deseado vuelven a convencernos de la preocupación de los realizadores a la hora de llevar a cabo este proyecto (nuevamente como queriendo seguir ahí donde se quedó la historia de Mañana te cuento).
El resultado final sin salirse el promedio es ligero y divertido, oficioso por momentos, lo suficiente para cumplir con el objetivo de asegurar la posibilidad de un nuevo proyecto en un no tan mediano plazo. Habrá que ver como le va en el partido de fuego de la taquilla y todo su informal mecanismo con respecto a las cintas nacionales. Pero el camino ya está abierto será cuestión de lo que puedan hacer las condiciones y empeño (casi personal siempre) de los “locos” que optan por hacer cine en el Perú. Por darle un espacio interesante, digno o popular al campo audiovisual en este país. Lo importante es darle continuidad y expansión a este tan acariciado proyecto. Intención que cantan al unísono todos sin distinción.
Estos instantes de conversa ante la infaltable caja de chelas serán los más convincentes. Intentos de proyectar más allá, que expandirán la historia sorpresivamente por el transcurrir de los años y los distintos rumbos que toman los protagonistas como queriendo proyectar las distintas caras de la maltratada sociedad peruana. Pretensiones que aunque no funcionan en la medida de lo deseado vuelven a convencernos de la preocupación de los realizadores a la hora de llevar a cabo este proyecto (nuevamente como queriendo seguir ahí donde se quedó la historia de Mañana te cuento).
El resultado final sin salirse el promedio es ligero y divertido, oficioso por momentos, lo suficiente para cumplir con el objetivo de asegurar la posibilidad de un nuevo proyecto en un no tan mediano plazo. Habrá que ver como le va en el partido de fuego de la taquilla y todo su informal mecanismo con respecto a las cintas nacionales. Pero el camino ya está abierto será cuestión de lo que puedan hacer las condiciones y empeño (casi personal siempre) de los “locos” que optan por hacer cine en el Perú. Por darle un espacio interesante, digno o popular al campo audiovisual en este país. Lo importante es darle continuidad y expansión a este tan acariciado proyecto. Intención que cantan al unísono todos sin distinción.
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